Psicosis y aumento de alarmas
El asalto de Urduliz recuerda al registrado el pasado mes de junio en una casa de Gamiz-Fika. Tiene los mismos ingredientes, un inmueble relativamente aislado, personas mayores y una banda que no ahorra en violencia para hacerse con el dinero u objeto de valor que tengan sus moradores. En aquella ocasión tres individuos de complexión fuerte irrumpieron a medianoche en la vivienda y golpearon con saña a un matrimonio de edad avanzada. Ambos fueron maniatados y amordazado por los agresores -que portaban una pistola y un machete- antes de darse a la fuga con todo lo que lograron.
Episodios como estos, infrecuentes hace algunos años, han creado una auténtica psicosis entre los propietarios de caseríos, chalés y todo tipo de edificaciones que se encuentran un poco alejados de los núcleos urbanos vascos. Y es que tener a un vecino a unas decenas de metros tampoco es garantía de seguridad. Por norma general, los asaltantes cometen los robos por la noche y con sigilo, por lo que rara vez son detectados.
Junto a los perros guardianes, cada vez se recurre más a los sistemas de alarma. De hecho, las empresas de seguridad creen que, a pesar de la crisis, seguirán creciendo a un ritmo del 20% anual, no ya sólo en edificaciones aisladas, sino en bloques de viviendas. «Puede parecer más difícil o complicado, pero es tan fácil entrar a un chalé como irrumpir en una vivienda en altura», señalan desde una compañía vasca dedicada a la instalación de estos dispositivos. Cada año se desvalijan más de un millar de casas en Euskadi.
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