A todas luces es una de las profesiones con menos paro de España. No en vano las
empresas de seguridad afirman que hacen falta más de mil nuevos vigilantes privados para hacer frente a la demanda existente por parte de empresas y particulares, y que los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado no pueden cubrir. Las causas, explica Francisco Cabrera, presidente de la Asociación de la Región de Murcia de Empresas de Seguridad (Aremus), es la proliferación de urbanizaciones, resort y polígonos industriales que exigen cada vez más personal de seguridad.
Los nuevos estilos de vida influyen en los cambios que se están produciendo en el sector, ya que «cada día hay más poder adquisitivo y muchas personas ya no viven en pisos, sino en dúplex y chalet en parcelas aisladas», señala Cabrera, y añade que «no podemos cubrir con los vigilantes la demanda que hay porque sería muy complicado. No es lo mismo un edificio de ochenta viviendas con una sola entrada y portero que ochenta aisladas, alejadas del casco urbano y de varios miles de metros».
Uno de los problemas con los que se encuentran las empresas de seguridad, explica el portavoz de Aremus, es que existen muchas compañías que ofrecen tareas de seguridad sin estar homologados. El intrusismo es endémico en un sector que «ha crecido mucho. Hay mucha empresa de servicios que trabaja en seguridad sin estar autorizada y éstas suplen en parte la gran demanda que tenemos».
Para llegar a ser
vigilante de seguridad hay que pasar por alguna de las doce academias existentes en España para preparar los exámenes escritos y físicos, que son realizados por el Ministerio del Interior, y presentar los antecedente penales completamente limpios, a parte de otros requisitos.
La habitación del pánico
Cabrera es además presidente de la empresa de seguridad Vigilant, y señala que uno de los sistemas de
alarmas que más demanda tiene, sobre todo en viviendas de alto standing, son las llamadas habitaciones del pánico. «Antes había muy pocas, pero ahora están muy solicitadas», comenta.
Habilitar uno de estos recintos, de entre cuatro y seis metros cuadrados, comunicado con el exterior por radio, bien ventilados y con un centro de control, puede suponer un alto coste que junto a otros sistemas perimetrales, circuito cerrado de televisión, personal de seguridad, puertas blindadas o acorazadas así como ventanas enrejadas, puede llegar a costar por encima de los 20.000 euros. Aunque otros sistemas pueden costar más baratos, alrededor de 450 euros con una
alama antirrobos.
El mes de agosto, según afirma un representante de la Policía Nacional de Murcia, «es el mes con más robos del año, sobre todo en las zonas costeras y provocados en su mayor parte por la relajación que supone estar de vacaciones». Pero los cacos no descansan. Incluso en las zonas del interior, explica la misma fuente, «tenemos que estar alerta, ya que aprovechas la ausencia de inquilinos en la vivienda, y de vecinos en los alrededores, para perpetrar sus fechorías».