Verjas de hierro forjado y de más de dos metros de altura,
alarmas, puertas blindadas, cajas fuertes o dobles ventanas. En las zonas residenciales de Vitoria, las viviendas -chalés en su mayoría- están blindadas. Todos los dispositivos de seguridad son pocos para ahuyentar a los cacos y, quizá por ello, sus inquilinos admiten dormir «sin miedo». «Antes de ir a vivir a un chalé ya sabes cuáles son sus ventajas y sus inconvenientes. Tomas las medidas oportunas para garantizar tu seguridad, pero con miedo no se puede vivir», admite una vecina del paseo de Fray Francisco.
A escasos metros de su casa, otra residente -que prefiere no desvelar su identidad por motivos de seguridad, precisamente- tampoco se deja llevar por el pánico. «Al contrario -asegura-. Vivimos al lado de Ajuria Enea, así que ésta es una de las calles más vigiladas de Vitoria». En los años que lleva viviendo allí, no ha conocido, de hecho, ningún atraco en la zona. Ni consumado ni frustrado.
En El Batán, otra de las zonas nobles de la ciudad, los ladrones sí se han dejado ver en más de una ocasión. O más bien, sentir. «La
alarma nos salvó de un atraco seguro. Accedieron por la ventana, pero en cuanto saltó la sirena de la
alarma, salieron disparados», recuerda N.E., vecina de una de las urbanizaciones que pueblan el barrio.
«Cuando nos trasladamos a vivir aquí -recuerda-, lo primero que hicimos fue instalar el
sistema de alarma y fue lo mejor que pudimos hacer. Además, tenemos caja fuerte y puerta blindada con doble cerradura». Todo un fortín a prueba de asaltos.
Ruidos «raros»
Tampoco en los nuevos barrios los vecinos están a salvo de sustos. Hace «unos meses», Sonia escuchó «unos ruidos raros, procedentes del garaje» de su chalé, situado en Zabalgana. «Me asusté, pero acto seguido pensé que no merecía la pena. Cerré bien todas las puertas, las ventanas y hasta hoy. Si vives en un chalé, estás más aislada, pero en los pisos también entran a robar, así que no me preocupa», zanja con aplomo.
Como la mayoría de los que residen en una vivienda unifamiliar o en un chalé adosado, para ella, «las
alarmas son un plus de tranquilidad». Pero no se engaña. «Tampoco es la panacea. Estorban y ahuyentan a los ladrones; pero impedir, no impiden», concluye.