Mafias a la carta
EL asalto de chalés en Cataluña y en otras zonas de España ha hecho saltar de nuevo todas las alarmas por la presencia de mafias internacionales en territorio nacional. En diciembre de 2004, dejaron ya su tarjeta de visita en un centro comercial de Marbella, donde murió un peluquero y un niño que pasaba por allí en un tiroteo protagonizado por tres encapuchados que portaban fusiles ametralladoras
Hasta hace bien poco, la opinión pública española creía que estas bandas de delincuentes no actuaban por estos lares patrios. Vamos, que se instalaban aquí para disfrutar de nuestro clima, y si acaso, de vez en cuando se cabreaban entre ellos y ajustaban cuentas dejando un cadáver en alguna cuneta. Pero la verdad, la cruda realidad, es que España está ya en el mapa de la delincuencia internacional –en la última década ha sido más evidente– y ha cogido con el pie cambiado a las fuerzas policiales y a nuestro sistema político y judicial.
Para que se hagan una idea, el Ministerio del Interior reconoció años atrás que en nuestro país operaban delincuentes de hasta 80 países diferentes. El enemigo sin rostro al que nos enfrentamos es una organización cada vez más compleja, jerarquizada, especializada, capaz de asociarse con otras, de comprar voluntades y operar en un escenario internacional, según relata el periodista de El País Luis Gómez en su libro España connection (se presentará mañana en la Asociación de la Prensa de Cádiz).
En España, Gaetano Badalamenti, un mafioso de tomo y lomo, vivió plácidamente hasta que por fin fue detenido y extraditado a Estados Unidos. Antonio Bardellino, otro de la misma cofradía del crimen, fue detenido y encarcelado, pero se logró fugar tras unos cuantos olvidos judiciales. Los mafiosos rusos Roman Frumson y Vladimir Goi crían malvas en territorio nacional tras convertirnos en su teatro de operaciones. El turco Urfi Cetinkaya, conocido como El Paralítico, pasó por las cárceles españoles tras ponerlo a buen recaudo el juez Baltasar Garzón, pero cuando salió en 1996, llenó de heroína nuestras calles. Sus paquetes con la droga, procedentes de Turquía, tenían un lazo rojo y dos dedicatorias para el magistrado de la Audiencia: "Esto es bueno para la salud… Baltasar Garzón". "Voy a envenenar España". En pocos años, el caballo sembró de muertos todas las calles por las que pasó a galope tendido. Alarmas Madrid. Carlos Ruiz Santamaría, alias El Negro, instaló en Madrid una sucursal de la mafia colombiana hasta que fue detenido en una importante operación policial. Fue puesto en libertad tras un informe psiquiátrico y se esfumó. Al psiquiatra se le intervinieron importantes cantidades de dinero que no pudo justificar. De los colombianos del cartel de Medellín aprendió el oficio de 'narco' el gallego José Ramón Prado Bugallo, Sito Miñanco, después de curtirse en el contrabando de tabaco en su Cambado natal, donde llegó a presidir incluso el club de fútbol local y gozó del respeto y admiración de muchos de sus paisanos, que lo apreciaban como una suerte de mecenas por su generosidad para con los humildes. Cuando lo detuvieron en 2001 por última vez en un chalé madrileño, el mafioso gallego le dijo a un comisario: "Te van a llenar de medallas". El hachís del paralelo 36, con el Estrecho, Marruecos y Gibraltar, está en manos de mil y una mafias, que han visto disminuido su negocio por el Sistema Integral de Vigilancia Exterior (SIVE). Antes, la Guardia Civil y Vigilancia Aduanera, con El Pájaro surcando la noche, combatieron, en una lucha muy desigual, contra un gigante del crimen organizado. En esta España, hay también bandas de búlgaros, especializadas en el robo de coches de lujo; grupos de albanokosovares que saquean con destreza polígonos industriales enteros en una sola noche, y un buen número de rumanos organizados que meten mano aquí y allí, son multifuncionales en esto del crimen.
En fin, una vez conocida toda la realidad del paraíso del crimen en que nos hemos convertido, sólo resta que las autoridades se tomen en serio el problema, por llamarlo de alguna forma. De entrada, como sugerencia, no estaría mal que empezaran a dotar a las fuerzas policiales de los medios humanos y materiales necesarios para atajarlo de raíz. En vez de pelearse un día sí y otro también, el PP y el PSOE, que han gobernado este país mientras han florecido estas mafias internacionales impunemente, deberían ponerse de acuerdo para alcanzar la otra paz. Seguro que si lo logran, toda España se concentrará en una sola plaza para felicitar a sus líderes.
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